La circularidad entre hacer sentido y construir significado

Ronald Sistek G.

mono sapiens

“En la medida que avanzamos en este centenio, con su combinación de posibilidades gloriosas y desafíos existenciales, se hace cada vez más claro que nuestra generación, junto con la siguiente, está involucrada en nada menos que en una batalla sobre el futuro de lo que significa ser humano”

Jeremy Lent – “Patterning Instinct”

 

La circularidad entre la vida y los procesos de cognición en los seres vivos es una inspiración para la idea de que en la experiencia humana hay una complementariedad igualmente circular entre hacer sentido y construir significado.

La evolución del género humano Homo comenzó el Africa oriental hace unos 2.5 millones de años desde un género anterior de linaje llamado Australopithecus o simio austral. Quinientos años más tarde nuestros ancestros decidieron explorar distintas latitudes hacia el norte de Africa, Europa y Asia, desarrollando diferentes adaptaciones a entornos climáticos radicalmente distintos. Luego siguieron hacia Papua Nueva Guinea y Australia. Fue así que aparecieron el homo neanderthalensis, el homo erectus, homo soloensis, homo floriensis, homo denisova, homo rudolfensis, homo ergaster, homo sapiens y muchos otros que iremos descubriendo en el tiempo, como lo cuenta amablemente Yuval Noah Harari en su libro De Animales a Dioses (2016). Probablemente de los altos neanderthalensis hemos heredado las historias de gigantes, así como las historias de enanos posiblemente las hemos heredado de los soloensis, quienes adaptados a los climas tropicales y luego de generaciones de vivir en islas de pocos recursos fueron adaptando sus cuerpos a tamaños pequeños llegando a pesar unos 25 kilos; los de mayor tamaño que requerían de mayor cantidad de alimentos fueron desapareciendo con el correr del tiempo en esos lugares. Los erectus, existieron por unos 2 millones de años en Asia oriental, record difícil de superar por nosotros los sapiens, sapiens amans, sapiens economicus o como nos queramos nombrar.

En estos últimos dos millones y medio de años el cerebro humano pasó de aproximadamente 400cc a 1450cc. El motivo nadie lo sabe bien. En este proceso también modificamos nuestra espina dorsal generando una contra curva para erguirnos y poder correr entre un bosque y otro en la medida que éstos se separaban en el continente africano fruto de lo que llaman algunos el bombeo del Sahara; las hembras sufrieron un poco más ya que las caderas y pelvis se modificaron produciendo una estrechez a la vez que la cabeza crecía en la especie. Un chimpancé requería, al nacer, poder trepar un árbol, por lo que los meses de gestación eran mayores; en cambio nuestra especie a propósito de la estrechez de las caderas comenzó a reducir los meses de gestación, mientras el tamaño del cerebro aumentaba.

Hace unos 70mil años, todo cambió. Se produjo una revolución que muchos investigadores tratan como de capacidades cognitivas de los sapiens. La cooperación social se transformó en esencial para la supervivencia y la reproducción. Sapiens aprendió a comunicarse… al principio danzando, pintando y emitiendo sonidos, luego nombrando a sus depredadores para avisar al resto, luego más abiertas al chismorreo, luego a las entidades nunca vistas,  leyendas, mitos, dioses, etc. Esto es clave ya que aprendimos a pintar antes que a hablar y eso hace que cognitivamente comprendamos y hagamos sentido a niveles mayores de abstracción. En este período, hace unos 12mil años, pasamos de ser cazadores y recolectores a agricultores, comenzando así un período largo de asentamiento, construcción de jerarquías, supresión de lo femenino, emergencia de campos sociales de miedo… un tiempo que algunos llaman El Gran Olvido porque es como si se nos hubiera olvidado todo un momento en la historia que nos tiene hoy al borde del colapso como especie.

Dentro de las experiencias comunes a la raza humana, el proceso de toma de conciencia existencial, de tener un sí mismo separado del otro y del entorno es común tanto en el homo sapiens sapiens como posiblemente también en el homo neanderthalensis. Dentro de las tres formas básicas para enfrentar esta realidad, la primera es la conciencia del espacio o conciencia de paradoja como describe Morris Berman en su libro La Historia de la Conciencia (2004), toma de conciencia difusa o periférica, horizontal,  asociada a civilización cazadora-recolectora. Acepta al mundo como tal y no se caracterizaba por la búsqueda de significado. Podemos decir que esta aceptación requería de un alto nivel de confianza. La segunda forma básica de conciencia tiene que ver con el significado y el proceso de ser absorbidos por éste. Berman llama a esta constelación el complejo de autoridad sagrada y la asocia a la civilización agraria, sedentaria. El temor a la muerte adquiere relevancia y la confianza disminuye grandemente en esta etapa. El ser humano ya no tiene tanto “un mundo” como una “visión del mundo”; la percepción tiende en esta etapa a la verticalidad, hacia los dioses. Como lo describe Berman; “De ahí provienen las grandes teocracias del Cercano Oriente, cuyas culturas religiosas (y políticas) se encarnaban en pirámides y obeliscos que alcanzaban el cielo. Simbólicamente hablando, por sobre estos monumentos había una imagen semi-divina, por ejemplo el faraón, quien -al igual que el Papa milenios más tarde- era considerado el representante de Dios (o los dioses) en la Tierra. La validación de la forma de vida de la nación era suministrada tanto cosmológica como políticamente, ya que ambas esferas compartían un orden sagrado que se alzaba como garante de la realidad misma.” La tercera es una forma exaltada del complejo de autoridad sagrada que Berman llama experiencia de ascensión, refiriéndose al fenómeno de trance unitivo o éxtasis, que es la forma más dramática de generar seguridad psicológica (por un tiempo).

Volviendo al proceso de crecimiento de nuestro córtex prefrontal (CPF), proceso que duró unos dos millones de años, se ha identificado que éste es el aspecto del cerebro responsable por nuestro pensamiento y acción que nos diferencia de otros animales. Es un mediador de nuestras capacidades de planear, conceptualizar, simbolizar, crear reglas, e imponer significado sobre las cosas. Controla nuestra conducta sicológica y transforma nuestros sentimientos en unidades emocionales complejas. Nos ayuda a ser conscientes de nuestra identidad individual y ser conscientes que estamos divididos del otro como seres separados y a transformar el pasado y el futuro en una narrativa coherente.

Una manera de observar desde una perspectiva más amplia, aumentando el nivel de abstracción, es identificando patrones de significado desde que en nuestra consciencia cambiamos la percepción de un mundo por una visión del mundo. Esta aproximación desde patrones de significado es la que da Jeremy Lent en su libro The Patterning Instinct (2017) y es así como organiza su estructura.

Me gustaría conectar estas descripciones en un esfuerzo de hacer sentido cronológico dinámico y reflexionar respecto de cómo el hacer sentido refuerza la construcción de un significado que co-crea una visión del mundo, la cual va co-evolucionando en la medida que avanza.

significado sentido

Todo está conectado: este patrón de significado tiene relación con la manera original de vincularnos entre nosotros y con la naturaleza. Nuestros ancestros desarrollaron capacidades de comunicación no verbal a través de mimo, risas, canto y danzas comunes, todo esto pre linguístico. La tierra era vista como íntimamente relacionada con las actividades humanas del día a día. A pesar de la conexión primordial con la naturaleza, condujeron su propia forma de extinción en masa alrededor del mundo.

Jerarquía de los Dioses: este patrón se generó en la paradoja de que mientras humanos domesticaban animales y plantas, éstos fueron domesticados a su vez por la emergencia de la agricultura. A la agricultura le podemos sumar las jerarquías, la propiedad privada, la supresión de lo femenino, el miedo como campo social, generando en el tiempo un nivel de ansiedad en la condición humana sin precedentes. Las sociedades agrarias con estructuras jerárquicas dieron forma a una nueva concepción del universo. Este patrón de la jerarquía de los dioses construyó mediadores entre el cosmos y la gente común, que eran los sacerdotes, quienes en el tiempo fueron sustituidos por faraones, militares y comerciantes. Los dioses requerían culto, rezo y sacrificio de manera de no generar retribuciones nefastas para el ser humano. De esta manera aunque aún estaban conectados a la naturaleza, las creencias emergentes tenían que ver con una participación activa para mantener el cosmos andando.

Los patrones cognitivos de las civilizaciones nacientes cultivaron distintas estrategias de construcción de significado desde China a Mesopotamia, así como desde Egipto a Harappa.

Los patrones divergen: dos radicales patrones de significado aparecieron desde las ancestrales Grecia y China. Desde Grecia se dividió el cosmos en dos, con un dominio celestial de abstracciones eternas y un dominio terreno polucionado de imperfección. Esta mirada generó un espejo en el ser humano dualista compuesto por una eterna alma temporalmente impresa en un cuerpo físico destinado a morir. Desde China un patrón de significado muy distinto evolucionó. Ellos se veían incorporados en una red de vida harmónica, que derivó en una mirada al cosmos donde el propósito de la vida no era la búsqueda de una salvación eterna sino que armonizar la existencia de uno dentro de la red de familia, sociedad, cielo y tierra.

La conquista de la naturaleza: China era más avanzado  en el siglo XI que Europa en el siglo XVII. Sin embargo en Europa ocurrió la revolución científica. Lent habla de una teoría emergente que dice que el lenguaje del Antiguo Testamento, dando al ser humano dominio sobre los animales, fue percibido en el mundo europeo como una clara llamada hacia la conquista de la naturaleza, enmarcando así el patrón de significado que ha acompañado al mundo hasta nuestros días.

Las dicotomías entre religión y ciencias fueron en realidad auto reforzadas durante varios siglos y ya en el siglo XX pareciera que el pensamiento sistémico comenzó a converger con la mirada de la tradición cosmológica de China.

El modelo capitalista ha envuelto al mundo, catalizando un aumento dramático en el consumo y sobreconsumo de recursos naturales con la promesa implícita de prosperidad y felicidad para todos. En recientes décadas, el consumo exacerbado ha comenzado a pagar un peaje, aumentando su espectro a través de la masiva extinción de especies, crisis de agua pura y cambio climático. Los patrones de significado en estos tiempos modernos con sus modelos mentales, respaldan el llevar a la civilización global en un curso degenerativo e insustentable.

La red de significado: un escenario alternativo podría asomarse como deseable. Podríamos ser capaces de co-evolucionar hacia un estado de transformación global de las normas basado en la realización de nuestra conexión intrínseca con el otro y con el mundo natural? Podría un entendimiento mayor de nuestros patrones cognitivos ayudarnos a co-crear una visión del mundo que pudiera poner al ser humano en un camino a la regeneración y la sostenibilidad? Podríamos generar una circularidad regenerativa entre el hacer sentido y construir significado a una velocidad nunca antes vista?

Seremos capaces de tomar las decisiones correctas de manera de ver florecer al ecosistema mayor con la civilización humana como parte de la gran trama de la vida? Cómo hacer sentido y construir significado para co-evolucionar hacia allá?

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