Dignidad, subsidio y justicia ecosistémicos

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“Cuando las historias que comparte una sociedad están fuera de sintonía con sus circunstancias,  pueden convertirse en auto limitantes, incluso una amenaza para la supervivencia. Esa es nuestra situación actual.”

David Korten,  “El Gran Cambio”
La foto es de la cuenca que remata en Quintero/Puchuncaví, Región de Valparaiso, Chile, zona de sacrificio, una de ellas, van cinco y en aumento… zona que ha perdido la dignidad ecosistémica. Zona de desbalance total, en todo sentido, zona de historias interminables de dolor humano y no humano, zona en proceso de sobrecarga y colapso. Zona también sobre-manipulada por la perpetuación de un desarrollo económico convencional, lineal, al borde de la ley, reduccionista, donde se evidencia nítidamente el subsidio ecosistémico del crecimiento, las externalidades que no son incorporadas en los costos de producción y que son pagadas injustamente por quienes no tienen voz suficiente para demandar justicia ecosistémica: el mundo natural, las comunidades marginadas y las futuras generaciones. Son estos tres elementos del sistema los que están pagando el costo del subsidio ecosistémico. Son estas tres voces las que no son internalizadas al momento de la evaluación de los proyectos, menos son internalizadas al momento de la puesta en marcha, control de emisiones, resguardo de la salud humana y no humana. Son estas tres voces las que subsidian literalmente los costos de las compañías contaminantes.
El derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, garantizado en la constitución, no se cumple. Los artículos 1, 2, 3 y 4 de la declaración internacional de derechos humanos están vulnerados en estas zonas. El artículo 1 habla de que
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Ni la libertad, ni la igualdad ni la dignidad ni los derechos… para qué hablar de la conciencia y la fraternidad. No hay quien resguarde la dignidad de las futuras generaciones ni la dignidad del mundo natural en estas zonas tampoco.
Después de años de intentos de restauración psico-eco-social en esta zona de sacrificio, permanentemente opacada por diversas fuerzas del sistema, de múltiples colores políticos e intereses sinérgicos, se acerca el momento del orden, el momento de la verdad, el momento de la reflexión profunda de la interconexión total que hay entre todos los fenómenos, un momento en el antropoceno de justicia ecosistémica y de recuperación de la dignidad humana y no humana.

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